… todo es personal!

Un “shot de pseudociencia” que al menos motiva

U

Hace un par de días, mientras estaba en una de las sesiones de un taller de formación de “Inversionistas Ángeles”, escuché una palabra de esas domingueras que hace mucho nos escuchaba: RESILIENTE.

El expositor la utilizó para responder más o menos a un pregunta que le hicieron con respecto a las características que un inversionista busca en un emprendedor. No recuerdo nada de la respuesta la verdad, pero la palabra se me quedó un rato. Y ¿qué significa?, pues se refiere a la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”.

En ese sentido, para ser emprendedor, aquí y en China, se requiere de una extraordinaria capacidad para sobreponerse a todo tipo de contratiempos y sólo cuando después de enfrentarlas  sale uno fortalecido, es que puedes ganarte un poquito el mérito de que alguien se refiera a ti como un “emprendedor exitoso”.

Aquí la pregunta es ¿cómo lograr ser resiliente?, sencillo y complicado a la vez: con motivación y automotivación. La primera viene de donde sea, la segunda viene de tu interior. No soy psicólogo y no me referiré a la segunda, pero de la primera puedo decir que al menos yo la intento sacar de lo que se me atraviese, de un libro, de una nota en internet, de una conversación y con mucha frecuencia, de una película.

Hace poco volví a ver una película que me dejó varios aprendizajes y que recomiendo que vean más de una vez, sin el ánimo de crítico de cine, más bien con apertura para aprender, aunque la base del guión sea pseudociencia. Me refiero a la película “Lucy”.

Es una película de Luc Besson, en cuya filmografía se encuentran películas como “Nikita”, “El Profesional”, “El Quinto Elemento”, “El Transportador”… o sea, una que otra película palomera. En esta película, más allá de la acción (que es buena) y la ciencia ficción (que es excelente), con un poco de ganas de obtener motivación verás que explota de manera interesante el mito urbano de que el ser humano sólo utiliza el 10% de su capacidad cerebral y plantea la pregunta: ¿y si por accidente alguien pudiera usar el 100%, qué pasaría?. La respuesta de científico de la película (Morgan Freeman) hasta parece sarcasmo: “No tengo la menor idea”.

Lo mismo ocurre a la hora de emprender. Sabes que tienes un proyecto, que tienes un pequeño equipo y que tienes un poco de dinero, algo así como lo que en la película sería ese “10% de tu capacidad cerebral” y te preguntas día y noche “¿qué pasaría si el proyecto estuviera ya desarrollado, contara ya con el mejor talento a mi lado y tuviera ya una gran inversión en mi cuenta de banco?”.

A diferencia de la película, el emprendedor no puede quedarse con la respuesta de “no tengo la menor idea”. Un verdadero emprendedor intentará descubrirlo y una vez que lo hace, una de sus principales responsabilidades será compartir lo aprendido, a parte de rendir cuentas por supuesto.

En resumen, la película tiene dos o tres diálogos entre el científico (Morgan Freeman) y la súper humana (Scarlett Johansson) que son interesantes, pero hay uno que me gustó mucho. Cuando la protagonista se hace consciente de la adquisición de un gran conocimiento, de pronto parece que se hace la pregunta de “¿y ahora qué hago con él?”, la respuesta del científico es: “el propósito primario de la primer célula que nos dió vida fue compartir y transmitir el conocimiento mientras evolucionaba”.

¿A cuantos emprendedores, inversionistas y/o colaboradores conoces que compartan ese “propósito primario”? si en tu círculo la respuesta se acerca a cero, quizá es momento de buscar en otro lado la motivación.

Por José Luis Ayala
… todo es personal!

Nací en Michoacán, me formé en Jalisco y aterricé hace algunos años en Nuevo León… hoy me mueve el pensamiento pragmático, crítico y directo.

Me formé como Abogado, pero nunca ejercí la profesión, me volví un apasionado de la tecnología cuando imaginé su potencial.

Hoy dirigo… INKOO

Contacto