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“Salario emocional”, el impacto de decir gracias

En materia de recursos humanos, tanto para los especialistas como para los que no lo somos, hay un debate que parece casi cíclico —porque se repite de tanto en tanto— es un tema del cual se escribe con bastante frecuencia: ¿cuál es la mejor manera de compensar a un empleado?.

El único punto de acuerdo en ese debate, hasta ahora, es que no hay fórmula perfecta y que mientras mayor sea la mezcla generacional en el entorno laboral —Generación X y Millennials principalmente— más complejo terminará siendo el modelo de compensaciones que una organización necesite para atraer, retener y motivar a su personal.

Y en ese terreno, una simple palabra quizá pueda ser uno de los componente de esa fórmula mágica: la palabra “gracias”.

Lo curioso aquí es que así como resulta por demás difícil de pronunciar —sobre todo para los que tenemos un rol de liderazgo— es igualmente fácil de dar por sentado que la merecemos casi por cada tarea que realizamos. El justo medio es lo que esa fórmula perfecta necesita y lo mismo es un tema de educación como un tema de autoestima.
En ambas cosas se debe trabajar por supuesto, en lo primero más temprano que en lo segundo, pero al fin y al cabo ambas cosas están íntimamente ligadas.

Tengo un sobrino-nieto con escasos dos años recién cumplidos, al cual adoro con el alma por cierto, apenas empieza a tener soltura para hablar pero tiene una lucidez para articular oraciones que a veces me deja con la boca abierta y una de esas veces fue cuando hace un par de semanas utilizó precisamente la palabra “gracias”.

Él y sus papás habían estado en casa cenando y al abrazarlo para despedirlo cuando ya se iban, de pronto y sin que nadie le dijera nada me suelta esta frase: “gracias por la cena tío”.

Así lo están educando sus padres y no tengo la menor duda de que será un adulto agradecido, que será capaz de decir gracias cuando sea necesario, así se educa también a un líder.

Pero ¿qué hacer con los que quizá no solemos ser tan espontáneos como mi hermoso Mateo?… hacernos parte de una cultura del agradecimiento es un buen primer paso, pero si tenemos el rol de liderazgo, implantar esa cultura en nuestras empresas puede hacer la diferencia entre un pobre desempeño y la excelencia como organización.

No pretendo descubrir el hilo negro, pero a cosas como esta es a lo que los especialistas le llaman “salario emocional”, porque así como es de importante para la Generación X el efectivo y los incentivos de largo plazo, igual de importante es para los Millennials la flexibilidad y hasta un simple “gracias” por el trabajo bien hecho.

En el competido mundo que enfrentan las empresas del siglo XXI, la facilidad con la que el talento migra hace inevitable la reflexión sobre una cultura empresarial que fomente valores fundamentales… y la gratitud es uno de ellos… pero no como componente aislado, sino como parte de una visión claramente expuesta y compartida con todos los miembros del equipo… que sólo ligada a un serie de objetivos medibles y alcanzables… hace posible la implantación de una cultura de reconocimiento.
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Solemos creer que ser felices es lo que nos hace agradecidos, pero según algunos expertos es precisamente a la inversa… ser agradecidos es lo que nos hace felices.

Hoy es un buen día para intentarlo… gracias al equipo de Diverza por su esfuerzo, gracias a nuestros usuarios por su paciencia, gracias a todos por escucharnos y gracias a ti Pedro por la oportunidad de compartir este espacio.

Por José Luis Ayala
… todo es personal!

Nací en Michoacán, me formé en Jalisco y aterricé hace algunos años en Nuevo León… hoy me mueve el pensamiento pragmático, crítico y directo.

Me formé como Abogado, pero nunca ejercí la profesión, me volví un apasionado de la tecnología cuando imaginé su potencial.

Hoy dirigo… INKOO

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