… un grano de arena!

Cuando el plan B termina siendo la mejor opción

C

Hace algunos años cuando en la preparatoria me dió por leer un libro de Aristóteles, particularmente el libro “POLÍTICA”, hubo una frase en uno de sus capítulos que se me quedó grabada: “Algunos seres, desde el momento en que nacen, están destinados, unos a obedecer, otros a mandar; aunque en grados muy diversos en ambos casos”. No quiero abrir un debate filosófico alrededor de esa afirmación por supuesto, pero lo quise traer a colación con respecto a una pregunta que me hacen algunas personas que me comparten sus experiencias “¿tengo o no lo necesario para ser emprendedor?”.

Si quisiéramos hacer un símil con la frase de Aristóteles, quizá alguien diría “Algunos seres, desde el momento en que nacen, están destinados, unos a ser empleados, otros a ser emprendedores; aunque en grados muy diversos en ambos casos”.

En lo personal yo no creo ni en una frase ni en la otra, creo más bien en el respeto que merece la legítima aspiración de alguien a no correr riesgos (para no emprender) y mantenerse en un trabajo estable (para ser empleado) a lo largo de su vida profesional, aunque creo firmemente que todos en alguna etapa de nuestra vidas sentimos la cosquilla de tener nuestro propio negocio, de independizarnos o ser “nuestro propio jefe”. El problema es que postergamos tanto esa decisión que a veces terminamos por apagar esa incipiente flama.

Cuando salimos de la universidad, no emprendemos porque queremos “adquirir experiencia” primero; luego que hemos adquirido tan sólo un poco, no emprendemos porque tenemos un buen trabajo y quizá no valga la pena dejarlo por la aventura de emprender; luego ya estando un poco más estables, dejamos de lado la intención de emprender porque nos casamos, ya somos dos y con esas responsabilidades no se juega; al paso del tiempo el deseo de “tu propio jefe” casi desaparece porque ya nació quizá un hijo y luego otro, ni como correr ese riesgo… y pasa el tiempo y de pronto nos damos cuenta que ya rondamos los cuarentas y ahí si, dejar la seguridad de un trabajo es sólo para aventureros de corazón.

El momento de renunciar a un trabajo o en su caso de emprender es y será siempre “AHORA”, eso tiene una base estadística y hasta muchos botones que sirven de muestra.

Según una encuesta del portal “trabajando.com” el 72% de los mexicanos asegura estar inconforme con su trabajo y declara estar buscando otras oportunidades.

Una historia de emprendimiento que vale la pena imitar es esta, se trata de una persona a quien a muy temprana edad le entro la cosquilla de tener su propio negocio y en los primeros años de internet en México se convirtió en uno de los cientos de proveedores de acceso a internet que surgieron allá por el año 1995, luego exploró negocios tecnológicos y termino siendo socio de una empresa que en su época fue una de las primeras en explorar la publicidad interactiva, finalmente dio en el clavo (después de 10 años) con dos de sus pasiones, la tecnología y el cine, fue considerado como emprendedor del año por la revista Expansión (salió en su portada del mes de Septiembre de 2013), es emprendedor Endeavor con su proyecto de Redes Sociales Empresariales y hoy en día es aún más reconocido porque es parte de la producción de la película Cantinflas. Su nombre Vidal Cantú, lo conozco y estoy seguro que Vidal nunca se preguntó si tenía o no lo necesario para ser emprendedor o cuando era el momento apropiado de intentarlo, simplemente lo hizo y hoy por ejemplo esa película podría estar en camino a ser nominada como mejor película extranjera en los Óscares, según una nota que leí recientemente.

Por José Luis Ayala
… un grano de arena!

Nací en Michoacán, me formé en Jalisco y aterricé hace algunos años en Nuevo León… hoy me mueve el pensamiento pragmático, crítico y directo.

Me formé como Abogado, pero nunca ejercí la profesión, me volví un apasionado de la tecnología cuando imaginé su potencial.

Hoy dirigo… INKOO

Contacto